El Siguiente es la primera entrega de las memorias del señor Juan Fernando Madriñán, las cuales recogen sus experiencias en el Ejercito Nacional, un agradecimiento a el por compartir sus experiencias.
Preámbulo
En el presente compendio, pretendo revivir y compartir las vivencias que tuve a en los primeros meses de mi servicio como soldado de la patria en 1993, he procurado ser lo mas preciso posible al narrar esta experiencia, haciendo la salvedad que las fechas están indicadas por meses debido a que el detalle de los días exactos se han diluido en mi memoria tras haber transcurrido 16 años…
Sin más preámbulos entremos en materia.
Proceso de reclutamiento
Era 1992, época de los apagones, del cambio de la hora decretada por el Gobierno, escasez de agua, la eliminación de Colombia en los Juegos Olímpicos de Barcelona acababa de darse, el desagradable Papuchis nos levantaba en Radioactiva haciendo antesala a largas tandas de música House y el baboso de Tulio Zuluaga se “desenhuesaba” a diario con sus chistes malos .
Además de la preocupación estudiantil y de la ansiedad de estar próximo a salir del Colegio, había un tema que nos entusiasmaba a muchos y aterraba a otros tantos, el servicio Militar.
Mediaba el mes de Mayo; cuando todos los estudiantes de grado 11 fuimos convocados por la Dirección de reclutamiento y movilización del ejército a una Charla de orientación tendiente a definir la situación militar de los graduandos de ese año, la cita fue en el Coliseo, en donde se nos proyectó un video institucional y se nos dieron las fechas para los exámenes médicos y sorteo de selección.
El proceso de eliminación medica fue en Septiembre, de 25 varones, todos resultamos aptos salvo 2 amigos que fueron excluidos (el primero por una lesión en el pie y el segundo por presuntos problemas psiquiátricos); de esta manera los 23 restantes fuimos citados en noviembre al primer sorteo sistematizado, el cual se realizó en el Teatro Patria.
En esa oportunidad las famosas bolitas blancas y rojas no tuvieron participación, debíamos digitar un numero en el tecleado y esperar a que la computadora seleccionara la Unidad Militar a la cual debía presentarse, o en su defecto que lo enviara para su casita como reservista de segunda clase.
En mi caso concreto no hubo azar de por medio, desde pequeño había admirado a nuestras Gloriosas FFMM y estaba determinado a servir a mi País como soldado, de manera que al iniciar el sorteo de mi colegio, me ofrecí como voluntario y fui asignado a la Dirección de reclutamiento y movilización, la cual adelantaba su etapa de instrucción en el Grupo Mecanizado No 13 General Ramón Arturo Rincón Quiñónez, según el volante de reclutamiento debía presentarme el 28 de Enero de 1993 a fin de ser incorporado como soldado del primer contingente.
La Incorporación
Tras pasar mi Navidad y nuevo año con mi familia, se fue acercando rápidamente la hora de ponerme las botas; finalmente llego el 28 de Enero, las lagrimas de mi Mamá y mi novia no me hicieron mella pero me impactó abrazar a mi Padre quien con la voz entrecortada me dijo: “Mijo cuídese”; llegamos todos juntos al Batallón siendo las 7:00 de la mañana y al presentar mi volante de reclutamiento a un Sargento segundo que estaba recibiendo a la “carne fresca” me dijo: “diríjase a ese grupo debajo de la carpa roja y espere a que le definan”
Con alegría me encontré con 2 compañeros de estudios que se habían sacado la lotería de servir conmigo en la misma Unidad; en ese momento hizo su llegada quien sería nuestro Comandante de Pelotón, el Teniente Pinzón quien tras presentarse con un Mayor de la Unidad de servicios administrativos de reclutamiento (USAR) ordenó hacer silencio e inició un recorrido entre las filas. Todos estábamos nerviosos y veíamos que de cuando en vez se detenía ante algún muchacho y le hacia varias preguntas; en ese momento no lo sabíamos pero iban a licenciar a la mitad de los citados y solo el 50% se quedaría prestando el servicio.
Finalmente Mi teniente Pinzón se ubico en frente mió y tras mirarme de arriba abajo, me pregunto: Cual es su nombre?, de que colegio salio?, que hacen sus papas?, en donde vive? … mientras respondía, el anotaba en su agenda mis respuestas, una vez terminó continuo con su recorrido.
Rondaban las 12 del día, las familias nos veían desde aproximadamente 50 metros de distancia esperando el desenlace de la incorporación; una tía me hizo señas de ofrecerme un refrigerio por lo que pregunté a un soldado que estaba con nosotros si podía ir hasta donde estaban las familias; el Enérgico y desmedido NO se me hizo exagerado, el era el Dragoneante de instrucción Bechara y en ese momento entendí que estaba en otro mundo.
Transcurridos algunos minutos el teniente pinzón leyó en voz alta los nombres de los nuevos soldados dentro de los cuales estaba yo, ahora era oficial!!! Iba a ser soldado de la Patria por fin!!! Acto seguido nos dio 2 minutos para despedirnos de los familiares a quines corrimos a abrazar. La Voz de nuestro Comandante tronó nuevamente ordenando que hiciéramos una fila y siguiéramos al sargento que nos conduciría al alojamiento; mientras caminábamos adentrándonos en la Unidad militar, decíamos adiós con la mano a nuestros familiares, hasta que dimos la vuelta por el área restringida y los perdimos de vista.
El Primer día y la primera Noche
Al llegar al alojamiento nos dieron la bienvenida y nos dividieron por escuadras, fui designado primer hombre de la segunda y mi comandante era el sargento segundo Guerrero, las otras escuadras eran comandadas por los sargentos Marin, Moreno y Fonseca. Adicionalmente había 2 Dragoneantes de Instrucción Guerrero y Bechara.
Tras conocer a nuestro mandos nos hicieron entrega del equipo (botas, 2 uniformes No 3, uno habano y un camuflado, parches, cucardas, correa, cobijas, chanclas menaje, tula, camisetas, betún, brilla metal, tenis, utensilios de aseo, etc); inmediatamente después de recibir el equipo, nos enseñaron como empacarlo en la tula y en el Baúl
Tras ponernos el uniforme nos llevaron por primera vez al rancho y probamos la exquisita sazón del ranchero de turno, fuimos pasando uno a uno a donde el peluquero quien hacia la Schuller en 10 segundos. Ya parecíamos disfrazados de soldados, comenzaron a enseñarnos como voltear, es decir como hacer saltarines de caballería, de piernas, de pecho, jumbos, etc.
Durante la primera noche, el Comandante de Pelotón autorizó a los reclutas que hiciéramos una llamada desde los teléfonos públicos… de esta manera las 4 escuadras del Pelotón fuimos conducidas por turnos, lideradas siempre por un Dragoneante de instrucción. Mientras esperaba mi turno un recluta de apellido Patiño Salió de la fila y parándose al lado del Dragoneante le haló la dragona del uniforme preguntándole que significaba ese rombito rojo que tenía ahí. Fue el primer volteo con despencada que vi… cuando me acuerdo todavía me da risa.
En la primera semana no se forma con el grueso del Batallón por que los reclutas no saben donde están parados, de manera que la recogida se hizo esa primera noche en la Unidad Fundamental (Pelotón); allí se dispuso la prestación de los primeros turno de centinela y la orden de embetunar las botas, brillar las cucardas y la chapa de la correa…
Cuando finalizamos esas tareas, marcaban las 11 pasadas, pero el descanso fui interrumpido en 2 ocasiones esa noche, la primera de ellas por el Oficial de Servicio que nos levantó dándonos la Bienvenida al Ejercito que no era para muchos sino pa`machos, la segunda, por el comandante de la compañía de soldados regulares cuyo alojamiento colindaba con el nuestro, un capitán de apellido Vargas, quien nos puso a hacer flexiones de pecho y salarines de caballería durante media hora porque todavía olíamos a civil.
A las 4 de la mañana fuimos levantados para nuestra primera Diana Levantarse Soldados!!!!, escuadras 1 y 2 al baño, escuadras 3 y 4 tiendan la cama, cuento hasta 10 y voy en 4, 5,6….
Todos corríamos medio adormilados tratando de cumplir con los absurdos tiempos que nos pedían, lavarse los dientes y afeitarse en 40 segundos, bañarse en 30 con un agua tan helada que dolía y que generaba vapor al tocar el cuerpo… en medio del frenesí de la primera diana fuimos bautizados por los soldados regulares, quienes se robaron las toallas de los soldados que estaban en las duchas que limitaban con el perímetro exterior y en el que había sendos respiraderos por los que fácilmente cabía una persona.
Después de uniformarse y haber tendido la cama, nos llevaron a desayunar y acto seguido hicimos aseo del batallón durante una hora… allí comenzó nuestra fase de Instrucción…









